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La escalera de los sueños (Serie: Son días de conquista)

En Génesis 28, Jacob no solo vio una escalera que conectaba la tierra con el cielo, vio un llamado a elevar su vida espiritual. Así también, cada sueño que Dios nos da no es solo una promesa, sino una invitación a crecer, madurar y alinearnos con lo que Él quiere hacer en nosotros.

pfranciscosalazar

6/12/2026

La escalera de los sueños (Serie: Son días de conquista)
Génesis 28:10-22

Todo sueño, visto como una escalera que Dios nos muestra, tiene un propósito: Impulsarnos a crecer espiritualmente. Dios, en su sabiduría, solo nos entrega aquello que somos capaces de sostener en nuestro nivel espiritual. Sin embargo, a veces deseamos respuestas rápidas a nuestras peticiones, sin entender que el crecimiento espiritual debe avanza al mismo ritmo de los anhelos.

La primera área de nuestra vida que debe prosperar es el alma. Porque incluso las cosas de Dios, cuando se viven sin Él, se convierten en un peligro, entonces no hay alternativa: es necesario crecer espiritualmente.

No podemos ser de los que no oran, pero siempre piden oración; estamos llamados a ser de aquellos que aman la oración. Porque hasta donde llegue nuestro espíritu, hasta allí llegará también la bendición de Dios.

Cuando Jacob soñó con la escalera, esta estaba apoyada en la tierra. Esto nos enseña que todo sueño necesita una base firme. Una escalera sin apoyo es inestable y peligrosa. De la misma manera, nuestros sueños necesitan el respaldo de Dios, pero también de quienes nos rodean. No hay escalera que alcance grandes alturas si no hay alguien que la sostenga.

Por eso, es fundamental decidir ser apoyo y no carga para otros. En el caso de nuestros hijos, por ejemplo, no debemos limitar sus sueños, sino acompañarlos, guiarlos y enseñarles a hacer su parte sin cortar lo que Dios quiere hacer en ellos.

En el sueño de Jacob (Génesis 28:10), los ángeles subían y descendían: Y no es casualidad que subieran primero: Esto representa que algo se enviaba desde la tierra hacia Dios. Si no hay nada que subir, no hay nada que descienda. Es un principio espiritual: Subo, entrego, rindo algo a Dios para que luego algo de parte de Él, descienda a mi vida.

Los soñadores de Dios no esperan condiciones perfectas para comenzar. No esperan que todo esté bien; actúan. Envían desde la tierra al cielo oración, pasos de fe, ofrendas… Porque hay momentos en los que las cosas no avanzarán solo con oración, sino con acción, como lo declara Éxodo 14:15.

Un sueño que proviene de Dios no solo bendice, también eleva espiritualmente y nos despega de lo terrenal.

Este es un tiempo de promesas. La historia de Jacob y Esaú nos recuerda que no vale la pena pelear por lo que Dios ya prometió. El Señor cumplirá su palabra. Jacob ya tenía promesas desde su nacimiento, pero en este encuentro Dios le entrega nuevas promesas. Y la respuesta de Jacob fue clave: Hizo un voto. Es decir, reaccionó a lo que Dios le habló.

Por eso, no basta con decir que tenemos fe. La verdadera fe se evidencia en lo que hacemos. “No me digas que tienes fe, hasta que me digas qué has hecho por ese sueño”.

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@pfranciscosalazar

Francisco Salazar

Francisco Salazar